Este pasado lunes recibimos en nuestra parroquia a D. Rafael Calderón, que nos estuvo hablando sobre “La llamada a la santidad”, apoyándose para ello en la exhortación apostólica del papa Francisco Gaudete et exhultate. Entre los aspectos que destacó, sobresalieron los siguientes puntos:

  • Ya en tiempo de Jesús, sus discípulos vivían rodeados de un fuerte ambiente que los confundía en muchas ocasiones. Frente a ello las Escrituras nos muestran cómo Jesús, de una manera paciente, le volvía a explicar una y otra vez el Evangelio.
  • Esa falta de entendimiento de los Apóstoles también la podemos ver reflejada en nosotros estos días. También en nuestro barrio terrenos un ambiente frío, y muchas veces nos pasa como a ellos, y entendemos nuestra labor de cristianos como una rivalidad por sobresalir entre nuestros hermanos: queremos los puestos principales, a la izquierda y a la derecha del Señor. Sin embargo, nuestra misión es la de ser Apóstoles del Señor y compartir su labor misionera.
  • Nuestra vocación ha de ser la de servir, que es la que el Señor nos ha dado.
  • Somos Apóstoles del Señor a pesar del ambiente que nos ha tocado, y trabajamos para que el nombre de Cristo reine.
  • Nuestra vocación principal es la santidad. Partiendo de esto, todas las demás realidades de nuestra vida debe tener este fondo (fieles, consagrados, catequistas, Cáritas, …. hemos de luchar por santos).
  • El Señor nos llama a ser santos en nuestra vida normal y corriente. Hemos de ser santos en la vida normal, no de peana y aureola. Hay que vivir todo lo que tengamos que vivir, pero con Cristo en medio de todo.
  • Hemos de poner a Cristo en medio, pero dedicados a los demás. Hoy en día no hay mayor obra de caridad que llegar a Cristo a los demás, decía el Papa Benedicto. No solo hay que alegrar al pobre, sino además llegar al Señor al pobre de espíritu.
  • Para conseguirlo, hemos de cultivar el aguante, la paciencia y la mansedumbre. Hay que tragarse el orgullo, la soberbia y la envidia.
  • No podemos ser santos nosotros solos. Hemos de vivirlo en la comunidad. En estos tiempos hemos de descubrir la importancia de vivir la fe en comunidad. Ahí es donde podremos vive los sacramentos, que es de donde se nutre la comunidad. El cristiano que no vive la fe en comunidad es un cristiano que se queda cojo.
  • El Papa habla del valor de la oración, y del silencio, de entrar en comunión con Cristo. También habla del combate, de la vigilancia y del discernimiento.
  • Y finalmente, no olvidemos una cosa: nuestro camino es la Cruz…. cada uno ha de cargar con sus circunstancias. El Señor es el cirineo que nos ayuda a llevarla. Y cuando flaqueemos, cuando la comodidad nos pueda… hay que ponerlo todo en manos de la Virgen.