
En la homilía de hoy, D. Manuel Palma nos explica cómo después de haber curado a un ciego dándole la vista, el evangelista san Juan recoge un amplio discurso del Señor, en el que Él se proclama a sí mismo la luz del mundo. Él, que es la luz que brilla desde el tiempo, ha venido en medio de nosotros, ha puesto su morada en un mundo, envuelto tantas veces por la oscuridad y la tiniebla.
Es esa luz la que hoy Cristo nos pide que también nosotros reflejemos. Hemos de brillar ante los hombre, en medio de nuestro mundo. Pero no con una luz propia, sino siendo reflejo de la luz de Jesucristo, el Señor.
Nosotros, miembros del Cuerpo de Cristo, hemos sido llamados a dejarnos iluminar por Cristo, a dejarnos iluminar por Él, para ser también nosotros reflejo de Cristo en medio del mundo
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